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   Crónicas de la Calle

Redes Sociales: El 5to Poder

     
2017-08-30 Escribe Ernesto Martinchuk

En los sistemas democráticos existen tres poderes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. A estos se les sumo, la Prensa y desde hace un tiempo las redes sociales, denominadas ahora el quinto poder.

Durante “la primavera árabe”, lo que comenzó como un alboroto en Facebook desembocó en un puñado de protestas. Nadie se imaginó que tal inconformidad provocaría que los líderes de Túnez, Egipto, Yemen y Libia fueran derrocados. El fenómeno comenzó con la llamada revolución tunecina, cuya fecha de inicio suele contarse desde la inmolación de Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años que protestó contra el desempleo, el cuatro de enero de 2011. A las primeras manifestaciones masivas les siguieron brutales represiones de las fuerzas policiales, documentadas y narradas en tiempo real en videos e imágenes reproducidas y diseminadas a través de Facebook, Twitter y YouTube.

Sin ir más lejos, en nuestro país, distintas convocatorias –Nisman, Ni una Menos, Defensa de la Democracia, pedido de Justicia, sólo por citar algunas- fueron llevadas a cabo a través de las redes sociales.

Las relaciones sociales basadas en Internet han llegado a determinar las nuevas formas en las que la sociedad se comunica e interactúa. Desde computadoras hasta teléfonos celulares, la conectividad plantea una estructura de interacción que, en sí misma, representa la importancia de lo que constituyen las TIC. La necesidad de mantenerse en contacto es superada -y ampliada- por la actual demanda de una conexión permanente, especialmente con aquellos individuos u organizaciones que se desee, ya sea por mensajes de texto o correos electrónicos; publicando, tuiteando o compartiendo información. Todo esto ocurre en la llamada Web 2.0, en la que cada usuario es (o puede ser) un productor de contenidos y en la que las comunicaciones han sido alteradas inexorablemente, dando voz a todo aquel con acceso a ella.

El debate, sin embargo, se remite a la apropiación de tales ventajas dentro de la Web 2.0; ahora que todo el mundo tiene voz en todas las discusiones y escenarios posibles, ¿quién es realmente escuchado? Frente a esta paradoja, los sitios de redes sociales han llegado a desempeñar un papel de filtradores, dándoles a los usuarios control (parcial) de lo que quieren ver, escuchar o hablar. La política, una vez más, no escapa a esto. Desde esta perspectiva, la participación cívica es más visible por el uso de las redes sociales, esto ha llegado a ser un nuevo tema de debate entre académicos en pos de una mejor comprensión del papel que desempeñan las redes sociales, en medio de una realidad tecnológicamente aumentada.

De esta forma, la importancia de entender lo que el comportamiento social representa en esta era de intensa interacción comunicativa y  tecnológica es primordial para entender su influencia en el comportamiento electoral. Pero, además, el peso del comportamiento político, en términos de compromiso, consumismo y participación es fundamental para la comprensión de las agendas políticas en las campañas electorales actuales y futuras. El elemento clave para este análisis debe ser traído a colación en términos de lo que realmente sucede en la dicotomía online-offline; ¿está siendo predicha la vida real por la actividad y las interacciones en Internet, o simplemente está siendo imitada?

Se puede establecer como premisa que parte de la función de las redes sociales es generar tal influencia en la ciudadanía para que, a través de dichas herramientas, actúe de forma determinada. La cuestión central que recoge todos los elementos ya discutidos gira en torno a la pregunta que generará la discusión posterior en este estudio:

¿Funciona la Internet, específicamente las redes sociales, predictivamente respecto del comportamiento político de las personas en el mundo offline?

O, por el contrario, ¿son las redes sociales simplemente un reflejo de la conducta del mundo desconectado? que ha adoptado el uso de las redes sociales de manera “natural”, por lo que no es de sorprender que su utilización política pueda marcar la pauta en un proceso electoral 

Esto lleva a pensar en los partidos políticos, aparatos institucionales por medio de los que los candidatos deben acceder a puestos de elección popular. Es decir, estas son las instancias que más de cerca deben observar el fenómeno de virtualización de la política, ya que, existe una falta de experiencia en estrategias de comunicación a nivel de las redes sociales y en las nuevas dinámicas organizativas que ello implica.

Las nuevas estrategias deben refinarse para poder generar no sólo contenidos, sino espacios de interacción que permitan a las personas acercarse de una forma realmente considerada a la Web 2.0. Las personas ya han iniciado sus propios procesos, virtualmente endógenos, de generación de contenidos e interacción; los partidos deben acoplarse o, si no, en detrimento de ellos mismos, pueden perder vigencia y caudal electoral.

Si los políticos no adoptan la política a través de Internet, serán los ciudadanos quienes la adopten en contra de ellos.

Ello lleva a la cuestión inicial que dio pie a esta nota: ¿Funciona la Internet, específicamente las redes sociales, predictivamente respecto del  comportamiento político de las personas en el mundo offline? O, por el contrario, ¿son las redes sociales simplemente un reflejo de la conducta del mundo desconectado? Es decir, ¿la Internet normaliza o moviliza las dinámicas político-electorales? Como se ha visto, su capacidad predictiva existe, y es por lo tanto un potencial que la academia y los políticos deben estudiar.

 

Las redes "han ayudado" a generar una idea de un movimiento que crece y se fortalece, avivando minuto a minuto y en tiempo real los ánimos.