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Tres Arroyos jue 21 de Septiembre de 2017

   Cartas de lectores

Sin título

     
2017-09-03 Escribe Alicia Hurtado

Señora directora: 

Normalmente, pienso bastante cómo titular lo que escribo, esta vez preferí dejar que cada lector le ponga su propio título.

Soy una argentina madura, jubilada, que, afortunadamente, no por haber crecido se ha olvidado de sus anhelos juveniles. Aún sueño con un mejor mundo, no ya para mí, como egoístamente lo hacía a los 18, sino para mis nietos y los nietos de los otros jóvenes que compartían entonces ese sueño, pero el sueño sigue intacto. 

Por eso me asusta ver la intolerancia, la violencia, la manera tremenda en la que fingimos querer resolver conflictos, las palabras brutales con las que nos ofendemos unos a otros, como si ese pudiera ser el camino para un mejor mañana. 

Claro que no me gusta ver el cabildo de Buenos Aires pintarrajeado, ni ninguna otra leyenda ofensiva en cualquier sitio, sea este un lugar público o privado. Claro que no me gusta tampoco ver gente con las caras tapadas y palos en las manos. Pero, por sobre todo, menos me gusta que desaparezca gente como si de magia se tratara. Y menos me gusta ver que hay gente a la que le parece importarle más una pintada en el cabildo que un muchacho desaparecido. 

La vida debe ser sagrada para todos, y esa debería ser nuestra prioridad, sin dejar por eso de repudiar todas las demás acciones que hacen que nos enfrentemos unos a otros. 

Desde que comencé mi carrera docente en la década del 70, y habiendo transitado por diferentes gobiernos incluidos los años tremendos del proceso desde el 76 hasta el 83, los maestros hemos hablado en clase, mejor o peor, con más o menos criterio, con más o menos autoridad, pero hemos dado clase dentro del contexto de una realidad ineludible. Y hemos mostrado la hilacha, porque, no nos engañemos, es imposible no hacerlo. Por supuesto, sabemos que no podemos hacer política partidaria, pero eso no significa que la política no esté presente en cada acto, en cada clase, hasta en cada gesto podríamos decir. Así que no nos hagamos los escandalizados porque pueda filtrarse la realidad en las aulas, ¡gracias a Dios que así sea! Y cada maestro, si es un buen docente, sabrá cómo encarar las cosas si surgen temas difíciles. Y si un gremio propone algún tema, ya decidirá el docente con su comunidad la conveniencia o no de encararlo, pero no demonicemos ni al maestro, ni al gremio, ni a los padres, que, seguramente, sabrán qué es lo mejor para los chicos, o estarán intentando saberlo, como todos. 

Tiempos difíciles estos en los que nos toca vivir. Tratemos de hacerlo con más buen criterio que agresión, privilegiando la vida por encima de lo demás, exigiendo protección de quienes tienen la obligación de velar por nuestra seguridad, e intentando poner la otra mejilla en lugar del puño.

 Alicia Hurtado